Hola buzos,
Agosto ya pasó, septiembre entró de lleno con una visibilidad de 25 metros y una temperatura de 25 grados. Los buceos caen uno detrás de otro. El mar está como nunca, no recuerdo un agosto mejor en la vida y ahora, sin barcos que perturben la superficie, el buceo se transforma en una sesión de meditación.
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La mañana amanecía teñida de naranja. La temperatura suave y la brisa marina acaricia nuestros cuerpos, el neopreno remangado hasta la cintura y el torso al descubierto, los buzos miran hacia proa, el aire les acaricia las mejillas, la navegación unos 15 minutos de mar calma, mi compañero de buceo hoy es el mismísimo Cales Virgili, le quiero enseñar Montelivi, estoy deseando descender en el azul.
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El descenso es suave, la compensación exquisita, apenas me duelen los oídos después de no se cuantos buceos, Carles, como siempre, más loco que un cencerro, desciende como si terminara de saltar de un avión, desplegó el paracaídas en forma de cámara con flaixes incluidos, son enormes, la cámara es más grande que este hombre rana y desciende de espaldas haciéndome señales obscenas.
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La visibilidad es muy buena, son 25 metros de mínima, la temperatura 23ºC y las preocupaciones no existen. Solo mis 200 ATM y mi tiempo de fondo son mis preocupaciones. Pronto localizamos restos de pesca, son restos de años atrás, completamente adheridos al arrecife, todas las madrigueras, escondites y guaridas de los seres que tendrían que estar poblando el arrecife se ven completamente tapadas por un enorme calcetín pestoso, que solo deja tras de si un lugar desolado sin apenas vida. Redes y más redes…
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De pronto veo una forma difusa en un agujero, es blanca, parece un fantasma, apenas si es balanceada por el va-y-vén del mar. Mi curiosidad y mi tiempo de fondo me permiten acercarme, estamos a unos 28 metros de profundidad y aquel ser en estado de descomposición yace anclado en un surco del arrecife, sus aletas se agarran desesperadamente a la piedra, dos arponazos le revientan el cuerpo, es un mero de unos 8 años, un mero que pronto sería reproductor, pero tubo la mala suerte de toparse con la barilla de algún pescador submarino.
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Lo del mero no se puede ya hacer nada, pero lo de los restos de homus erectus, redes, sedales del curricán, palangres, nansas, plomos, plásticos y demás porquerías, sí nos vamos a encargar, eso dará lugar el domingo 27 de septiembre como todos los años, deseando veros una vez más por esta causa noble.
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Embajadores de los fondos del mar yo os reclamo a esta tarea humilde y gratificante por una buena causa. Dejaremos los fondos más limpios de la costa brava, Sant Feliu de Guixols, próxima Reserva Marina, en un año y medio, eso dijo el director general de pesca en la última reunión, y todo gracias a un puñado de buzos, enfermos de nitrógeno, amantes de la naturaleza. Gracias a todos por estar ahí. Son diez años los que cumplimos y el domingo 27 de septiembre aprovecharemos para celebrarlo, con la limpieza de fondos de la bahía de Sant Feliu de Guixols.
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Y de pronto apareció por la puerta del centro, evidentemente se dio con el marco amortiguado en toda la cabeza, todo el que es del club Piscis Diving se ha tenido que dar en un momento u otro. Sus ojos nos podrían haber indicado su estado psicológico, pero como era extranjero, una mezcla de africano con alemán, su cara rara y alerta escudriñaba el centro, nos pidió información y le hablamos del bautizo:
– “Mira, te pondremos un video, luego teoría, después te explicamos como es la inmersión, los peces, la profundidad, la seguridad y nos vamos al agua, un instructor te acompañara en todo momento..
– “Ah…, pues yo quiero hacerlo ya!”
– “Pues siéntate, rellenaras el informe medico”. Todo era no, no tenía ninguna dolencia, estaba más sano que un toro antes de saltar a la plaza, el toro lo recibía Janine, las preguntas de bombero podían habernos hecho sospechar que algo raro había. Después de la teoría llegó la práctica, esta vez era Montse, su divemaster.
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El miura de unos 90 kilos y con los ojos desencajados. Le tiemblan las manos, suda, respira jadeante y de pronto, se relaja como el mismísimo Buda y queda como aletargado, Montse lo flipa, durante el mes de agosto vienen una media de 2 a tres oligoelementos, son hombres renacuajo, aun sin formarse en plena metamorfosis, seres que te pueden preguntar si cubre donde vamos a bucear, o si tenemos algún buceo a más de sesenta metros y luego se comen la botella de 18 litros en 25 minutos. Estos seres, convierten tu profesión en un reto, te dices a ti mismo, si lo consigo bajar soy la leche aunque me cueste algún golpe en alguna zona blanda.
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En el barco, el hombre renacuajo, se agarra de tal manera a la embarcación que me la deja arañada, parece que hayamos llevado gatos en el barco, me ha clavado la mirada y durante toda la travesía no me quita la mirada de encima ni un momento, llegué a mirar detrás mío pensando que tenía a alguien.
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Después de fondear les decimos a los buzos que se tiren al agua y se refresquen, nuestro hombre rana salta de cabeza ataviado con el neopreno, se parece al puñetero tarzan. Esperando a que saque la cabeza del agua, emprende una huida, nadando como si le persiguiera tiburón 4. Nada desconsoladamente hacia las rocas, con riesgo de colisión, las gaviotas emprenden el vuelo, preparando el esfinter y en un descenso rasante aciertan en la capucha.
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Al sacar la cabeza del agua, le grito que vuelva, vuelve a meter la cabeza y otra vez parece que le persigue algún depredador, su trayectoria es errónea, con una deriva importante y colisiona contra una familia que toman el sol en su zodiac de 3 metros, el Papá lo mira flipando, nosotros desde nuestra posición solo vemos que algo esta empujando la zodiac y unas piernas que chapotean una y otra vez, el padre me mira, yo le digo que lo aparte con el bichero, pero de pronto las fuerzas centrifugas del universo consiguen desenredar al nadador y continuar su travesía, la fuerza que lleva es tal que cuando está a unos pocos metros de la embarcación empiezo a gritarle:
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– ” ¡Cuidado, la escalera! “. El impacto es de tal calibre que casi nos vuelca el barco.
– ” ¿Qué tal estás?”, le pregunto, y jadeando después de varias respiraciones me dice tragando saliva y con los mocos colgando:
– “Cansado”.
– “Ahí lo tienes, Montse. Todo tuyo”. La mirada de la divemaster lo dice todo, vaya marrónnnnnn.
La buzo espera en el agua. Lo equipo. Le pregunto si está bien, me contesta que sí, le marco el ok y salta.
Al entrar en el agua el hombre renacuajo, se mueve más que una águila, es escurridizo como tal, cuando lo consigue enderezar, el renacuajo, completamente alterado dice que está bien, yo miro a la divemaster y le digo que suspendemos, sus temblores me ponen la carne de gallina, eso y las salpicadas que he recibido mientras lo enderezábamos.
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Él quiere seguir, lo dice convencido, después de minutos de psicoterapia en superficie, la divemaster lo sumerge, son algunos minutos que aguanta debajo del agua pero pronto emergen, los ojos los tiene completamente salidos de órbita, el miedo le corroe por las entrañas, ha visto al mismísimo demonio, está completamente controlado en la superficie pero él se piensa que está buceando, el pánico le hierve en la sangre, cuando lo tranquiliza, lo tumba boca arriba y le hace un bautizo mirando el cielo azul, con el reflejo de sofreras inmersión con un tono de azufre, de ahí su nombre.
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Mirando a aquel hombre me enternece ver la fuerza de superación de algunas personas, personas que saben que lo pasarían mal, pero ellos lo intentan con tanta fuerza que aquellos hombres que una vez fueron renacuajos un día serán hombres rana, embajadores de los fondos de los mares enamorados de la madre naturaleza.
– ” Qué, ¿te ha gustado?”
– ” Me ha encantado”, me dice el buzo con una sonrrisa de lado a lado.

Buen buceo buzos,
Fran