Cuaderno de Bitácora Piscis Diving, 21 de Septiembre 2005:

Hola buzos,
El fin de semana ha estado algo revuelto, pero hemos podido meternos nuestra dosis de nitrógeno correspondiente.
El agua está a unos 22 grados.
La visibilidad es de unos 15 metros y el mar estuvo con alguna olita que hasta a mi el domingo me hizo llamar a blasss, y evidentemente desde el lunes está como un plato.

El Señor del tiempo.

En todas las tribus, por aquella época, existía un chaman en el que todos los del clan confiaban, delgaducho, sin apenas pelo y con una varita mágica que llevaba en la mano. Nos mostraba las huellas que el temporal iba dejando por nuestro territorio. A partir de los viernes todos se reunían alrededor de su fuente de luz donde veían reflejada su forma y donde asistían a sus predicciones.
La predicción era clara:
– de lunes a viernes mar plana y un sol deslumbrante
– el finde: temporal
La tribu se impacientaba. Las discusiones sobre si debían hacer el largo camino que los reuniría con el resto del clan se hacían frecuentes:
– “toda la semana trabajando y mira como está el tiempo”, comentaba uno de los guerreros.
La verdad que levantarse tan pronto para recorrer tan largo camino inducía a una pereza evidente arrastrada a lo largo de la semana, pero por otro lado necesitaban aprovisionarse de su dosis correspondiente de nitrógeno.
¿El problema cual es? ¿Que van a caer 4 gotas? No pasa nada, nos tenemos que mojar igual.
He observado a tribus de más al norte. Sus barcos de pesca se camuflan detrás de una cortina de agua, que ellos mismos fabrican alrededor de su nave para esconderse detrás de esa aspersión de agua que simula una lluvia constante donde el pez se ve distraído y es más fácil atraparlo. Esto sucede en la pesca del bonito donde las embarcaciones llevan armadas una serie de aspersores a lo largo de la nave y tal efecto produce una trinchera donde pescadores de caña acechan, escondidos, al pez hasta darle caza. Por esa regla de tres, cuando llueve, el pez está distraído y es más fácil acercarse a él y poderlo acribillar con nuestras cámaras, por lo tanto no tendría que ser problema el bucear con estas condiciones. De todas formas ya sabéis que flacucho, desacierta más que acierta y que el territorio es grande, si no es en un lado o en otro seguro que encontraremos donde aprovisionarnos de nitrógeno y así pasar una semana más, y más en Sant Feliu de Guíxols dónde sólo el temporal de levante puede hacernos desistir.

– ¿Y con los niños que vamos a hacer con ellos?
– ¡¡¡Los niños nos los llevamos!!!
– ¿Y si aparecen los otros?
– con que les hablemos en francés ya habremos salido del paso. Ya sabéis que los niños de fuera de nuestro territorio sí pueden bucear, incluso en nuestro territorio …, tan sólo necesitan de una autorización paterna.

El arrecife está pleno de vida, pulpos, sargos imperiales, algún que otro mero que se escapó de la flecha de los arponetis, pueblan el arrecife y le dan el color a nuestras inmersiones, dentones de considerable tamaño y lubinas que nos observan sin perder detalle son algunas de las formas vivas que cada día observamos en el arrecife.
Este sábado, entrando en la tercera cueva, me encontré a una de las brótolas que tiene aquí su cobijo con un sedal que le salía de la boca. En un descuido del pez conseguí cogerlo y, entre yo y otro de los buceadores, le intentamos sin mayor éxito extraerle la potera de tres anzuelos que llevaba enganchada en lo más profundo de su garganta.

Nunca le había metido tan adentro los dedos a un pez. La sensación del animal intentando tragar al sentir mis dedos en su garganta me hacía estremecerme de tal modo que durante un momento pensé que me iba a poner a llorar. El pez dejó de luchar como si con su rendición diera por finalizada su vida. El anzuelo que era visible al abrirle la boca estaba demasiado enganchado como para poder liberar al animal de esta tortura lenta y agonizadora que seguro que no soportaría muchos días. En la tercera cueva habían tres brótolas. Ahora sólo quedan 2 y la reserva de Sant Feliu de Guíxols para el 2007 o eso es lo que dicen …

Buen buceo buzos,
Fran