EL BUEN TIEMPO SE ALARGA Y
EL INVIERNO SE HACE ESPERAR.
Estamos abiertos
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¡NOS VEMOS DEBAJO DEL AGUA!

Hola buzos,
el fin de semana pasado por fin acertó el del tiempo, no del todo pero se arrimó bastante al resultado, amaneció con mar de levante, la superficie revuelta, con aquel color espumoso marronoso que deja el olor a salitre, el buceo se podía realizar sin dificultad en la llosa de sant feliu, el agua a unos 18 grados, la visibilidad de 3 metros en algunas zonas y 15 en otras, este fin de semana parece que será bueno, a ver si no nos lo arruina el hombre del tiempo.
Esta mañana amaneció la mar plana y un banco de miles de bogas, la inmersión fue preciosa y si el del tiempo vuelve a acertar esta vez para este fin de semana se pronostica muy buen fin de semana, je, je, je….
Domingo. Los buzos, puntuales, llegan al encuentro de su dosis de nitrógeno. Las botellas, con algo menos de presión por el frió que hace, nos dan la bienvenida:
– “Pensaba que no veníais”, me dice una de ellas… los buzos flipando con el momento… y uno dice:
– “Quítale el chupete, llevo DIN”.
La botella mellada y con 180 atm de presión salta de alegría, va a dar un paseito por la Llossa de Sant feliu de Guixols.
El jacket, en un abrir y cerrar de trinchas, ya está abrazando a su compañera con tanto amor que ni el mismísimo Neptuno podría desunir.
El regulador se escurre del gancho y grita:
– “¡Qué bien! llegó la paz, ya no se oyen barcos en la superficie, el mar está ahí fuera para nosotros solos!”
El semiseco se acerca de lado, a penas si se le ve, es una talla 2 chica que últimamente me está dejando Janine, el mío todavía no llegó. El traje es una verdadera locura, es calentito como él solo, suave, blandito, pero claro todo tiene sus inconvenientes y este tiene un problema de criadillas. El traje hasta que llegas a los 10 metros te trata con cariño, pero cuando superas esa barrera te aprieta los huevos de tal forma que los ojos se me salen de las cuencas. Lo intento compensar con el placaje de la máscara, pero es insoportable, las tiras de la máscara están que petan y mi buceo se convierte en una penitencia, durante toda la inmersión voy tirando del neopreno para poder liberar tal presión, parece que tengo ladillas y me estoy rascando, es horrible. Los alumnos me miran y también lo hacen, son miméticos, a ver cuando llega mi traje de macho-men.
Los escarpines están que echan pestes, arrinconados todos juntos, es un espectáculo ver como se arrastran uno detrás de otro.
42 te toca salir a escena. Con las prisas y el ansia del buceito 38 se mete por medio y en un abrir y cerrar de botella se encuentran reposando en el tambucho de proa a la espera del consiguiente disgusto del buceador al ver que tendrá que bucear toda la inmersión con los dedos encogidos.
Al salir del agua le pregunto:
– “¿Que tal el agua?”, y me dice que de la rodilla para abajo no siente nada. Al quitarse las aletas y el 38, la sangre fluye de tal manera que el buceador parece que termina de tener un orgasmo.
Los plomos, perezosos, como siempre están en su lugar, allí los dejas allí se quedan, nadie se los lleva de paseo, solo salen a bucear. Y ahora le tocan a ellos, son 8 quilitos, rositas, nadie se le ocurriría llevarse unos plomos rositas, más de 10 años conmigo y ahí siguen.
La máscara salivea, sabe lo que le toca ver.
Ritual de ensamblaje y ya estamos descendiendo poco a poco. Al principio el regulador nos va dando más aire, pero según recuperamos nuestro ritmo respiratorio subacuático, todo es más suave, la visibilidad nos hace concentrarnos en el fondo, morenas, congrios, gambitas limpiadoras y, de repente, en el fondo, una raya mosaico se comienza a deslizar delante nuestro. Está muy activa, supongo que la visibilidad le hace pensar que está atardeciendo y se dispone a preparar la emboscada a cualquier ser incauto. La cara de mi compañero y la mía lo dice todo, como siempre mereció la pena sacar a los trastos a dar una buceadita.
Buen buceo buzos,
Fran