A continuación: Cuaderno de Bitácora Piscis Diving, 26.04.07

Hola buzos!!
Bienvenidos a la temporada de buceo 2007!!!La semana pasada ya pudimos sumergirnos por primera vez en el agua y me alegró la visibilidad que me dio la bienvenida. Espero que este sea un muy buen año para todos y que nos podamos meter todo lo que queramos y no lo que podamos en nuestra querida Mar Mediterranea. Os paso a continuación también un cuaderno de bitácora del Fran que quedó al olvido en una carpeta que acabo de recuperar. Os deseo muy buenos buceos a todos!!HASTA PRONTO!!Janine
Cuaderno de Bitácora Piscis Diving, 21 de Marzo del 2007 (Un poco atrasado…… Escrito una semana antes de volver a España )
Hola buzos,
La temporada ya se acerca. Siento día a día, según se va acercando el momento, como la Mar Mediterránea me va gritando y llamando. Tengo ganas de ver mi arrecife de Port Salví. Tengo ganas de llegar, de ver Sant Feliu de Guixols, de perderme en sus calas, de pasear por el pueblo, de comer lo que sea, pero en casa, ya queda menos…

Aquel último crucero en el Mar de Andamán lo hicimos en el Carina. Un barco gambero y moquetero que navegaba escorado a estribor. Cuando desembarcamos de este barco todos los divemaster de los otros centros lo saben porque caminamos escorados hacia la izquierda durante unos días.
El boat master o jefe de barco, es Rodrigo. Los divemaster, ACDI, Pepe y yo. Los buzos, gente de todo el mundo con ganas de dejarse la piel es los escarpines. El circuito, increíble: Islas Similand, Koh Tachai y Richelie Rock, 14 buceos en 4 días, con visitas a las playas más bonitas del parque natural. Un crucero intenso.

La visibilidad no es del todo buena. En algunas zonas rondan los 25 metros y en otras apenas 10. El plancton se concentra en forma de masa de agua verde que asusta por la velocidad de su embestida y el tamaño de esta. Suelen durar 2 minutos y son muy fuertes. Es muy importante permanecer cerca del arrecife y así, a sotavento de este, la corriente nos pasará por encima. Estas corrientes, aunque suelen ser sucias, traen detrás de si a grandes animales que se alimentan abriendo sus bocas y tragándose miles de seres diminutos, así que una mala visibilidad con este premio no le solemos hacer muchos ascos. Es más, la esperamos con impaciencia, siempre que te pille cerca del arrecife. Incluso un ascenso en medio de esta sopa es francamente dificultoso. Cuando la corriente es soportable puedes mantenerte en posición con un suave aleteo y si además alguna manta te acompaña quedándose al lado tuyo esperando a que la cabalgues, la mala visibilidad no tiene importancia.

Las inmersiones se iban sucediendo una detrás de otra. Janine, que iba contratada de cámara, nos adelanta, se para, nos graba, nos adelanta otra vez, ahora esta atrás, ahora en el azul y de repente, el agua empieza a moverse. Una suave corriente se desliza por todo nuestro cuerpo. Es una corriente controlable. La gente de Singapur sacan sus anclitas, buscan una cavidad de la roca sin vida y ahí se anclan y completamente de pie ven llegar a los peces. A Janine la tengo a unos 8 metros de distancia y de repente aparece una manta enorme de más de 8 metros. La manta se mantiene al lado de Janine y con su ojo la analiza de arriba a bajo. Janine hace exactamente lo mismo pero con su cámara. Unos minutos de encuentro y la manta con un ligero arqueo de su enorme ala se sitúa debajo de Janine. Janine deja de grabar, levanta las manos y comienza a volar con la manta. La imagen es increíble. La manta nada lentamente y Janine la acompaña. Durante unos minutos se deslizan en el agua. Janine, de un golpe de aleta, se sitúa debajo de la manta. Las burbujas recorren todo el cuerpo de aquella maravilla de la naturaleza. Los peces rémora, incómodos por las burbujas, se despegan del vientre de la manta y nadan frenéticamente alrededor de su manto blanco y negro. Otra manta aparece de golpe y porrazo. Ahora son dos mantas las que acompañan a Janine. Los buzos anclados en las rocas flipan el momento. Todos flipamos. De repente la formación se rompe. Una manta para un lado, la otra para el otro y Janine con los ojos desorbitados permanece estática recuperando el aliento. Koh Bon. Otro regalo más de la madre naturaleza.

Llevamos desde las 4 de la mañana navegando. Queremos ser los primeros en bucear en Richelieu Rock y el Carina no navega muy rápido. El ruido del barco está presente en todos los rincones. Los buzos que duermen encima de los motores les vibrará el cuerpo durante días, pero la llegada a Richelie desvanece todo mal rollo. Richelie es una piedra que apenas sobresale un metro cuadrado a superficie y desciende hasta los 30 metros de profundidad. Su forma es la de un bumerang y en él se puede ver de todo. El descenso es suave, al lado de la roca apenas te das cuenta que estas bajando. La cantidad de vida que tiene la roca es exagerada: corales, morenas de todos los colores, calamares, pulpos, unos chocos, unas bravas, ay, perdonar, me estaba acordando de la comida española. La cuestión es que es un verdadero paraíso.
Desde 14 metros de profundidad veo a un divemaster que se agita en convulsiones. Mira hacia su grupo y le da el baile de Sant Bito. No para. Parece que haya tocado una tembladera y le haya dado corriente. Intento entender lo que dice pero él está a unos 5 metros de profundidad haciendo la parada de seguridad y no veo lo que me indica. Concentro la mirada hacia donde él mira y lo veo llegar. Diós santo que animal más enorme!!! Es precioso… Su piel es de seda de leopardo, azulado. Su tamaño el de una ballena. Su boca el parking de cualquier coche y su danza la de los siete velos. Es el tiburón ballena.

Mi mirada se concentra en mis buzos. Las órdenes son claras: tres segundos mirar tiburón ballena, tres segundos mirar compañero. Los buzos, impresionados como yo por el momento, me miran como perros de caza a la espera de la orden para poderse acercar más. Poco a poco nos vamos acercando hasta poderlo ver de cerca. El pez viene lentamente. Es una delicia, una verdadera delicatessen. El tiburón se pierde en el azul y ya tengo más ganas que nunca de volverlo a ver. El ascenso hacia la parada de seguridad la hacemos con los ojos abiertos como los de los dibujos japoneses. En busca de la bestia. La parada de seguridad la alargamos hasta los 30 bares, 68 minutos de buceo increíbles y aun nos queda otro buceo en Richelie Rock.

En el desayuno los buzos comentan la jugada. Las risas y las emociones están a flor de piel. Dos horas de intervalo y ya nos estamos enfundando en las gomas. El agua está caliente y con un tres milímetros salimos del paso. El descenso se hace por el fondeo suavemente compensando cada metro y al mismísimo tiempo clavando la mirada en el horizonte en busca del tiburón ballena.

La inmersión es fantástica: caballitos de mar, pez rana amarillo, caballito de mar fantasma, atunes atacando, bancos de peces defendiéndose formando cardúmenes enormes, masas de peces, peces león, escorpión, un mero de más de 2 metros… Una locura de inmersión!!!, pero el ballena no aparece por ningún lado. Mi cabeza gira de un lado a otro, pero nada. 55 minutos de buceo y parece que aquella masa de pez haya desaparecido. Señalo a los buzos fin de inmersión. Parada de seguridad. Y entonces aparece… Esta vez viene directo a nosotros. Los buzos entran en una especie de euforia que se contagia al momento. Lo miramos otra vez más, pero una buza se descuelga del grupo y comienza a perseguir al tiburón. El resto de los buzos miran alucinando. La buceadora tenía 50 bares de aire y el fin de la inmersión era por su consumo. La buza se da cuenta de su imprudencia y mira de un lado a otro pero no nos ve y asciende. Miro a los buzos. Terminamos la parada. La dingui ya había recogido a la buza. Tubo suerte. La corriente verde come-buzos no se la llevó a el reino de neptuno para siempre.
Cuando ya están todos los buzos a bordo miro mi manómetro y aun me quedan 100 bar, así que con el permiso del boat master me tiro al agua y me quedo a 5 metros cogido del cabo a la espera del milagro. Y el milagro sucedió. Partiendo en dos el mar, como el mismísimo moisés, aparece el tiburón ballena. Estoy solo y él solo tiene como acompañantes un montón de rémoras que le chupan la piel. Se acerca curioso y sin detenerse me muestra su poder nadando delante mío. No sé si era macho o hembra o ladyboy, lo único que sé es que lo quiero volver a ver.

Buen Buceo Buzos,
Fran