A continuación: Cuaderno de Bitácora Piscis Diving, 04.02.07

Tan solo quedan 18 días para que nos vayamos de viaje a las islas Similands. Si alguno de vosotros está todavía interesado en apuntarse en el último momento no hay ningún problema, tan solo los vuelos los tendréis que conseguir vosotros. Embarcamos el día 22 de febrero a las 16h en Phucket, tan solo dejarme saber cuando llegáis y nosotros os vendremos a recoger al aeropuerto y nos ocuparemos de todos los traslados y vuestra estancia en este paraíso tropical.
El agua ahora mismo está impresionante. Fran os pondrá al corriente en su cuaderno de bitácora más abajo.
Os esperamos!!!!

Nuestro teléfono de contacto en Tailandia hasta el 28 de Marzo 2007 es el:
(0066) 8768.33122
– Cuando estamos embarcados no tenemos cobertura y no quedan registradas las llamadas perdidas, así que si no nos localizáis mandarnos un e-mail y en cuanto toquemos tierra os contestamos.

Un abrazo muy fuerte,
Fran y Janine

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Cuaderno de Bitácora Piscis Diving, 04 de Febrero del 2007

Hola buzos,
las condiciones de buceo en estos momentos, en el otro lado del planeta, son excepcionales. Visibilidades que rondan los 40 metros. Temperatura del agua 28 grados, con alguna termoclina de 24ºC. Las mantas se empezaron a reunir en Koh Bon y en alguna inmersión he llegado a 20 avistamientos.
Los barcos en los que hemos trabajado, los han habido de todos los tipos: gamberos, moqueteros, granjas de engorde residual y magníficos “five star (5*)”, como el que nos espera en menos de tres semanas.

Los barcos gamberos:

La llamada precipita los acontecimientos. Parecemos el escuadrón de la muerte. Con los 50 kg de equipaje debemos estar en Taplamu (puerto) en menos, siempre, de 24 horas. Revisiones de equipos, alguna porquería comprada en el 7&11 (super): pipas de calabaza, patatas Lais ¡¡¡de la bolsa amarilla sobretodo!!!, (no me gustan las sabor a calamares o guindillas), alguna chocolatina. Esos serán mis caprichos en el paraíso donde lo más esencial para los urbanitas se encuentran a 1:30h de Speed Boat.
El cepillo de dientes, bañadores, toallas, botiquín mínimo y venga, pal bote. Los barcos siempre te dan la bienvenida con su físico. Los hay de todas las formas y colores, pero lo fundamental es que floten durante el tiempo que yo baya a estar a bordo.

La bienvenida de este último ha sido de locura! Después de haber cruzado las cubiertas de otras 4 embarcaciones, llego al último bote y me encuentro un olor a gambas de la antigua barceloneta. El olor es tan profundo que del traspiés que doy casi aplasto a una tailandesa que aun así no pierde la sonrisa en ningún momento y me da un plato con sandia y piña. Un par de cachos de sandia y el Boat Master comienza con el briefing.

La seguridad en el barco es fundamental. Durante jornadas la embarcación no ve tierra y el mero hecho de que alguien cayera por la borda podría ser fatal si no se actuara de manera correcta. Los lavabos también se deben de indicar. Terminas de llegar y algunos ya han comenzado a llamar a Blas, este señor que te hace sacar lo más profundo de ti. Aparece sobre todo cuando los compresores de gasolina y el barco diesel sueltan una fumadera que hasta el más pintao hace cara de estar a punto de morirse. Cuando ya te ha pasado muchas veces, puedes reírte al mismo tiempo que llamas a Blas y ahí es cuando se te queda una pepita de la sandia en la mismísima fosa nasal. El roce de la pepita te deja senos y fosas despejadas para las próximas 20 inmersiones, es bestial!

Encima el mar está a parir. Las olas nos balancean el bote de un lado a otro. Los 12 buceadores se asoman y, con las contracciones características de cuando no te queda nada en el estómago, sacan algo más de sandía de su interior mezclado con bilis. Entonces se te giran y te dicen:
– “Estoy bien, estoy bien …”, y otra vez la mueca traicionera les deja el rostro marcado por aquel color rojo y el amarillento de sus rostros.

Parece una película de zombis. La luz del fluorescente ayuda. Y de repente un oligoelemento se gira, se mete la mano en el bolsillo y se saca un paquete de tabaco. Enciende el cigarrillo, le da una calada que lo deja estéril, sopla y comenta:
– “Ahh…! Es que yo después de sacarlo todo se me pasa… “
Un buzo que tiene justo al lado y que se terminan de conocer se gira y de una bocanada salida a presión del mismísimo duodeno le empapa los pies descalzos que descansan sobre la moqueta mojada por una lluvia que nos acompaña. El buzo comienza a balbucear unas palabras:
– “Sorry, sorry… is posiboll no smoke giar?, a dont fil gut (te importaría no fumar aquí? Es que no me encuentro muy bien)”, el oligoelemento, balanceándose por la cubierta, se aleja de aquel buzo vampiro que con su cara amarillenta nos da las buenas noches.
Yo, como loco, empiezo a notar que estoy siendo poseído por Blas. El viento sopla en popa y el humo del diesel da un aviente de niebla a toda la cubierta. Ahora los zombis ya no vomitan sangre por sus bocas, solo se oyen unos lamentos:
– “Ay,ay, ay, ya estoy mejor, ya estoy mejor…”,
En aquella oscuridad en medio del mar de andaman, con aquellos fluorescentes, el humo, los amarillos, me estoy poniendo a parir. En la proa del barco me encuentro a buzos tirados por el suelo, me arrincono en aquella camada de Divers y comienzo a ver las estrellas. Las estrellas son bonitas de cojones, pero cuando el barco se balancea de estridor a babor a ese ritmo, la sensación es de estar en la discoteca borrachísimo. Todo comienza a dar vueltas y el mismísimo diablo te posee. Las contracciones dan a luz a Blas y en un abrir y cerrar de epíglotis, y sin epidural, toda aquella masa de sandia es expulsada por la borda con tan solo un gesto de mi cabeza. En la discoteca me acuerdo que era peor, tenias que estar tirado en cualquier lavabo con aquellas pestes… Aquí por lo menos huele a mar de vez en cuando….

El amanecer es precioso. La mar calma a sotavento de las islas Similand da el “gud mornig” a cada uno de los pasajeros. Las caras recompuestas de la noche anterior son ahora una sonrisa de lado a lado, la cual da los buenos días a aquel paraíso perdido. El boat master, un madrileño que vive en el mundo, Rodrigo, antes del briefing ultima los detalles con sus divemaster, Andi, una madrileña y yo. El barco es español. Los briefings se desarrollan en inglés y con gestos y muecas. La seguridad es importante. Reparto de parejas y todo el mundo equipado.
Los tailandeses ayudan en el equipamiento. Apenas entienden una sola palabra de lo que les decimos, pero ellos con una sola mirada saben si te tienen que ayudar en algo. Las revisiones indirectas de los asistentes hacen el equipamiento más relajado. Los buzos con el equipo, las aletas y las máscaras esperan la bocina del barco para empezar a saltar uno tras otro. El skipper arrima el bote al máximo al arrecife para que no se tenga que nadar en el azul. Los buzos están ahora en superficie. ¨Últimas revisiones, un par de respiraciones de tranquilidad y comienza el descenso, compensando en los primeros metros y controlando al grupo. Cuando no llevamos más de un minuto sumergidos una manta hace presencia. Se roza con nuestras burbujas. Va de un lado al otro. La luz dibuja su silueta, parece un ser celestial. Su movimiento es delicioso. De repente empiezo a sentir unos pitidos. ¿Son mis oídos? Subo un poco, compenso suavemente. La verdad es que no me duelen, pero el pitido continua. Es como un chasquido, acompañado de una música (no es el típico sonido de palomitas húmedas en el oído). Entonces me giro de un lado al otro. Mis ojos solo distinguen azul. Estoy seguro. Son delfines que están cerca. Los puedo oír. Los oigo, los oigo, pero no los distingo. Al final no los puedo ver. El mar no me los regaló.
El día trascurrió entre buceo y buceo con la camaradería típica de los hombres rana. Relleno de look books. Charlas, risas, sueños, aventuras… Cuatro buceos y el nitrógeno te deja tan aplatanado como una semana de meditación. El sueño pronto te viene a visitar, pero estando en un paraíso así, aunque solo sea un momento, es bonito subir a la cubierta superior y ver las estrellas y el sonido de la jungla de las Islas Similands.

Además, en este barco, entre moquetero y gambero, con su olor a gambas y pies, el capitán tiene una acordeón y por las noches la toca en su soledad. La imagen era increíble, el sonido hipnotizador.

Buen Buceo Buzos.
Fran

Piscis Diving
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