Cuaderno de Bitácora Piscis Diving 17. Mayo. 2006
Hola buzos,
La temperatura del agua en estos momentos se mantiene en los 15 grados y subiendo.
La visibilidad estos días fue muy buena llegando a alcanzar los 20 metros más o menos. Esta semana, además de llegar un banco de medusas luminiscentes, nos trajo un disgusto. El disgusto nos lo dio una red que encontramos enfundando nuestro querido Port Salví, pero eso fue la semana pasada, en menos de 48 horas conseguimos sacarla y ahora todo ha vuelto a la normalidad…… ¿Hasta cuando? No se sabe.

La semana pasada el jueves, cuando nos disponíamos a realizar un buceito, una embarcación de pesca de nansas se acercó a nuestra embarcación. Los pescadores del barco, con cara de muy pocos amigos, nos gritaban ya antes de que se pudieran entender sus palabras. Los gritos iban acompañados de señales y de brazos llevados a la cabeza. Cuando ya comencé a entender sus palabras el corazón empezó a estremecérseme, el nudo de mi corazón era el mismo que si me dijeran que un amigo mío terminaba de tener un accidente. Los pescadores, entre gritos e insultos proferidos contra el cielo, me decían que por la mañana, a eso de las 5:30, un barco al parecer de Blanes había soltado su arte de pesca dedicado a la sardina sobre el mismísimo arrecife de Port Salví en Sant Feliu de Guíxols. Al oír los gritos de sus propios compañeros invitándoles a que cesaran en su aptitud, los pescadores buscaron refugio en la bodega del barco, para así hacer oídos sordos, mientras desde afuera el otro barco abarloado le decía que estaban haciendo mucho daño, que se les iba a quedar el arte enganchado y que iba a ser un desastre Los pescarinis, haciendo oídos sordos, no abandonaron las bodegas hasta ver que el barco de los pescadores de Sant Feliu volvía a su labor, desistiendo en la busca de explicaciones al no recibir respuesta de estos.

El descenso hacia el arrecife fue angustioso, desde arriba y con una visibilidad que alcanzaba los 20 metros, el reflejo de sardinas muertas de la última pesquisa me confirmaba lo que los pescadores me terminaban de contar. La red cubría completamente el arrecife de Port Salví. La red recorría desde las jorobas del camello hasta la zona norte del jardín serpenteando desde los 12 metros hasta alcanzar los 26m. en la zona del jardín. La red, verdugo de todo ser vivo, se convertía en un peligro además de para el ecosistema, para la práctica de nuestra afición.
Llegaba el fin de semana.
Era jueves 11 de Mayo y durante el fin de semana podían llegar del orden de 50 a 60 buzos para bucear en esta zona. Los nidos de peces habían quedado cubiertos, escórporas, pulpos, congrios, santiaguiños, hermitaños, etc, etc. habían quedado enterrados por aquella malla asfixiante donde nadie tenía escapatoria. Por momentos me veía enganchado. La situación era muy peligrosa. Habían zonas en que la red cruzaba de lado a lado formando un efecto hipnótico producido por el ondulamiento de la red.

Mientras analizaba la situación, mi cabeza no paraba de lamentarse una y otra vez en busca de un culpable, pero no era momento de buscar culpables, era momento de encontrar soluciones y la situación me desbordaba. No era recoger cuatro compresas y dos plásticos para que el arrecife no pareciera que había existido el ser puercano, era extraer una red que a simple vista y con las primeras estimaciones parecía que midiera más de 100 metros. Por momentos la desesperación me nublaba, me encendía, me hacía entrar en cólera, cada vez que veía que un ser vivo se estremecía en aquella red asesina y mis manos torpes hacían finalizar su angustia (- “¿la corto, la recojo, hago una bola, que coño hago dios mío?”).
Al salir a superficie la cara de David era el reflejo de la mía, tristes y abatidos por la situación. Empezamos a pensar en voz alta, las reflexiones son tan agudas como peligrosas. Voluntarios para retirar semejante monstruo no me faltarían, pero el riesgo era muy elevado, además de podernos enganchar, la corriente y el estado de la mar nos iban a poner las cosas difíciles.

Torturado por mi subconsciente durante toda la noche, decidí que debíamos entrar a filmar primero y después emplear la técnica adecuada, según el análisis de las filmaciones, con la compañía de algunos buzos experimentados. El primero en aparecer fue Toni Herrera, instructor de buceo del Diving, luego fueron los 2 instuctores del centro de buceo Eden Rock y Sergio, buceador experimentado. Todos ellos comprometidos con la ecología y la naturaleza, no dudaron ni un solo momento en arriesgar sus vidas. Ya estábamos a viernes 12 de Mayo.

¿Y la administración qué?

1. Llamada al Departamento de Agricultura, Ramadería y Pesca de la generalitat de Cataluña:
– “Buenos días. Tenemos una posible catástrofe en el arrecife del Port Salví en un enclave conocido por buceadores de todo el mundo y futura reserva ya contemplada en folletos informativos del ayuntamiento de Sant Feliu de Guíxols. Que tenemos que hacer?”

2. Llamada a Capitanía Marítima y avisar del peligro que esto esta constituyendo:
– “Buenos días. Tenemos un problema en Sant Feliu … y además el fin de semana ya esta aquí así que mañana sábado seguro que en la zona entraran buceadores. Es muy peligroso. ¿Pueden hacer algo?”
– “Yo ya doy aviso. No se preocupe”, nos dice el capitán de seguridad marítima
– “Ya, pero ¿que van a hacer?”
– “Usted no se preocupe que nosotros ya haremos lo que sea necesario, además … piense que hoy es viernes”
– “¡Cómo! ¡Que hoy es viernes! ¿Me está diciendo usted que si yo veo un incendio por la ventana de mi casa y es viernes los bomberos no van a venir hasta el lunes? ¿Usted se está dando cuenta de la gravedad del asunto? Le estoy diciendo que además del peligro que puede tener para la navegación, para el ecosistema, mañana esa zona va estar llena de buzos de clubes de toda Cataluña y pueden quedarse atrapados. Cada día que pase el arrecife irá haciendo suya la red y luego será mucho más difícil sacarla. Bueno yo ya he avisado. Espero que actúen en consecuencia”.

¿Os han llamado a vosotros? Pues igual que a mi.

2. Llamada al Ayuntamiento de St. Feliu de Guíxols:
– “Buenos días. ¿Departamento de Medio Ambiente de Sant Feliu de Guíxols? Tenemos un problema…”
– “Ya nos han avisado. ¿Podemos ayudaros?”
– “Pues sí. Veniros esta tarde a las 15h y así nos ayudáis a sacar la red fuera del agua”.
– “Ok. Nos vemos entonces ahora”

El mar estaba que daba pena. Los chicos de medio ambiente entre arcadas y risas los iba introduciendo en el desconocido mundo del arrecife de Port Salví, intentando darles conciencia de la maravilla natural que tenían tan cerca de casa y a la cual desde la administración no se le hacia ni puñetero caso. Es que es la generalitat que tiene competencias…, es que es Madrid la que manda…, es que nosotros no podemos hacer nada…, es que no tenemos medios…, es que, es que, es que… La cuestión es que los unos por lo otros y la casa sin barrer. Nunca esperé que nadie hiciera nada por mi, así que la administración con lo lenta que es en reaccionar ni me preocupa. Manos a la obra y cuter en mano nos sumergimos en busca de nuestro dragón.
Armados con globos de accenso, cuters y machetes, nos sumergimos con el objetivo de desliar aquella mordida mortal sin hacerle el más mínimo daño al arrecife. La red la vamos enrollando como si estuviéramos recogiendo una alfombra, deteniendo cualquier actividad al menor signo de vida. Los seres liberados parecen darnos las gracias.
Al verse el arrecife despojado de semejante artilugio de castigo la vida empieza a fluir por todas partes. Pulpos enormes nos dan las gracias cambiando vigorosamente de color. Los petos han visto como quedaban liberados sus nidos en fase de construcción. Las escórporas fueron lo que más nevioso me ponían.
Junto con el peligro de quedarnos enganchados, cada trozo liberado era izado por globos de accenso que atábamos a la red. La imagen era dantesca. Los buzos acompañaban aquella masa de muerte a lo largo del arrecife para que no quedara enganchada nuevamente. Dios mío que cerca de la muerte que hemos estado! La corriente hacía avanzar aquella marraña de tela envolvente a lo largo de todo el arrecife a una velocidad considerable. Los buzos quedaron a la deriva en su afán por conseguir que la red no volviera a engancharse apareciendo a la altura de las Sofreras, a más de 1 Km. de distancia del Jardín.

Los chicos de medio ambiente, que no son buzos, nos esperaban arriba, vomitando y con cara de chino amarillento y las boyas aguantaban la masa de tela empapada que pesaba una barbaridad. Una vez en la superficie, fuimos subiendo boya tras boya muy despacito hasta el último trozo, no sin antes parar al menor signo de vida. En la red subíamos desde hermitaños hasta escórporas de considerable tamaño que liberábamos con la misma preocupación que puede tener un cirujano que opere a vida o muerte. Y los de medio ambiente tirando de la red …
– ¡Fuerte, vamos!
– ¡Vamos!
– ¡Venga!
– Perdona, que tengo que vomitar.

Entre el olor del barco, la mala mar, la peste a sardina muerta, una cosa y otra conseguimos sacarla y ahora yace en el parking de Piscis Diving.

Gracias a todos una vez más por vuestro interés.

Nadie hará nada por nosotros.

Nosotros somos la comunidad.

Actuemos en consecuencia.

Buen Buceo Buzos,
Fran

PISCIS DIVING
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