Cuaderno de Bitácora Piscis Diving, FELIZ NAVIDAD 2005:

Hola buzos,
en estos momentos nos encontramos en Ton Say.
Ahora mismo hay por la zona gran cantidad de mantas diablo. Para las fechas en las que estamos montando el safari también hay muchas posibilidades de verlas. Las aguas en esa época están a unos 28 grados y la temperatura exterior unos 30ºC. La visibilidad ronda los 20 metros y en ocasiones, atraídos por el plancton, se pueden ver tiburones ballena que llegan a alcanzar los 12 metros de envergadura.
Tengo unas ganas terribles de poderme encontrar a ese bicho cara a cara. Tengo ganas de poderle mirar a los ojos. Hace mucho tiempo que sueño con ese momento. Se ve que su llegada suele ir acompañada de una cantidad de peces enorme, que lo escoltan a lo largo de todo el arrecife. Y luego está la manta, ¿cuantas veces me habré parado a ver a ese animal? (en revistas claro). Dicen que verlas danzar entre ellas es todo un espectáculo. También están por estas aguas del mar de Andamán las morenas azules.

Estos días nos hemos encontrado con Blackie, (nuestro amigo que tenía un centro de buceo y lo perdió todo con el tsunami). El encuentro fue durillo. Desde el año pasado solo habíamos estado en contacto por mail. Nos enteramos que habíamos perdido a conocidos de la isla de Phi Phi. Entre ellas las dos hijas del centro de buceo Mosquito. Blackie siempre hacia broma con estas niñas pues él también tiene dos niñas de la misma edad y eran muy amigas. Siempre estaban por allí revoloteando, en el ordenador escuchando música o pintando al lado de los buceadores mientras Blackie daba su curso de owd.
El 26 de diciembre la ola llego por la mañana. Sin avisar. La isla de Phi Phi fue barrida completamente por aquel monstruo de más de 10 metros. El tiempo que estuvo cruzando el agua de punta a punta de la isla fue de más de 10 minutos. Los niños, como de costumbre, jugaban por las callejuelas seguros de que ningún vehículo las atropellaría, pues en Phi Phi no hay coches, ni motos. No caben.
De repente entró aquel puñetazo de mar atrapando a la gente en sus negocios sin dejarlos salir. El techo y el agua fue su verdugo y después de la ola vino lo peor. La gente corría despavorida sin saber a donde ir. Unos lloraban, otros gritaban, otros se mantenían ausentes… Delante de Blackie corría un chico con la espalda completamente abierta. La conmoción no le dejaba ver que lo iba perdiendo todo por detrás. Por la noche murió.
La gente, asustada, se mantenía en el view point. Era lo más alto de la isla. No tenían agua, ni comida, ni nada de nada.
Los días se fueron sucediendo y cada vez quedaba menos gente en lo alto de la cima. Habían sido evacuados. Unos no aparecieron más, otros aparecieron completamente enterrados al cabo de los días …
La mujer de Blackie, Joi, estaba trabajando en un crucero en las islas de Phi Phi a pocas millas de su marido. Ella apenas notó un balanceo en el crucero, pero no muy lejos de allí tenía a su marido volviéndose loco e intentando localizarla. Las comunicaciones eran imposibles. Los móviles no funcionaban y su mujer estaba en medio del mar trabajando de cocinera en un live aboard. La angustia fue en aumento, Blackie cogió su long tail boat (embarcación de cola larga) que había quedado en buenas condiciones y fue a buscarla para explicarle lo que había sucedido.
Blackie le decía que todo había quedado desolado y ella no se lo creía, le preguntó que qué se había tomado.
Blackie la montó en su embarcación y esquivando neveras, muebles, barcos, muertos y demás objetos inanimados e inertes. Joy se fue dando cuenta de que lo que su marido le había contado era cierto. Al llegar a Phi Phi todo era una calamidad. Lo que un día fue de la naturaleza ella misma se lo había arrebatado. Todo aquel pueblecito quedó desolado por el tsunami del 26 de diciembre del 2004.

Durante todo este año hemos estado recogiendo dinero para ayudar a Blackie y a su familia. Muchísimas gracias a todos por haber contribuido de una manera o otra a echarles una mano en la medida de lo posible. Las niñas de Blackie están yendo a un colegio católico, donde están internadas. Blackie está en estos momentos intentando todavía encontrar un local donde montar el centro y Joi está trabajando en un barco de cocinera. Las cosas no las tienen fáciles, aunque ellos después del primer día de vernos y llorar juntos, en ningún momento han perdido la sonrisa tan maravillosa que tienen los tailandeses. Han sido muchos clubes los que les han echado una mano y han ido tirando.
Lo dicho, muchísimas gracias por habernos echado una mano. La familia de Blackie está muy agradecida.

Feliz Navidad y prospero año nuevo lleno de amor hacia los demás y hacia nosotros mismos.
Que los reyes os traigan muchas burbujitas.

Buen buceo buzos,
Fran