Cuaderno de Bitácora Piscis Diving, 26. Abril. 2005:

Hola buzos,
El sábado día 23 pudimos meternos en el cuerpo un buceito. La mañana había amanecido con un día fresco y limpio donde el despertar iba acompañado del sonido de las golondrinas (¿os habéis fijado que bien huele la primavera?). Siempre he tenido un especial cariño a estos pájaros. Eran las que me indicaban que la lenta oscuridad del invierno iba llegando a su fin. Eso y, como no, la aparición de los nuevos y viejos buzos que ocultos en sus madrigueras habían estado alimentándose de documentales de aquellos en que sale el tiburón blanco emprendiendo embestidas contra la jaula.
El otro día, sin ir mas lejos, me encontré a un buzo que me juró y perjuró que se terminaba de tragar un documental de aquellos caducados donde el tiburón blanco salía desayunándose a dos o tres hombres rana con sabor a neopreno. Lo más gracioso de todo es que el iluminado de turno narraba los ataques como si fuera el comportamiento normal del bicho, viéndose claramente la arcada que le producía al animal … (no sé si por los comentarios del iluminado o por el sabor del trague de neopreno, que a ciencia cierta seguro que ya llevaba alguna meada de serie).

Esta semana soñé con el señor del tiempo. Él me miraba, con los ojos del chamán que tiene que avisar a su tribu que la mar prometida no se iba a hacer esperar, los días de sol y mar calma están a la vuelta de la esquina. ¿Porque el señor del tiempo no nos dice la visibilidad y el estado de la mar para bucear el fin de semana?.
Diferentes porciones de la tribu empezaban a aparecer. Nuestros comunes franceses, belgas, suecos, alemanes, ibéricos y demás etnias preparaban sus mochilas. Todos portaban algo en común: aletas, máscara y tubo. Todos tenían un lenguaje entendible. Todos tenían algo que les asemejaba a sus hermanos y era el amor hacia la mar. Los más rubios te contaban de sus penalidades invernales realizando inmersiones a temperaturas que evitaré decir para que no tengáis pesadillas. Los más aventureros te narraban sus viajes a mares soñados. Los nuevos papás te traían a sus cachorros para que les prepararas un bautizo. A los que todavía no se les podía introducir en el rito de la tribu se les adornaba con las prendas rituales: máscara, tubo, aletas, jacket y botella, quedando desproporcionado el tamaño de la botella con el cuerpecillo del recién llegado. Un buzo ibérico me decía emocionado que terminaba de ver la ecografía de su cachorro y el médico le terminaba de anunciar que iba a tener un buzo. ¿Sabíais que prácticamente en todo el mundo se puede hacer inmersión a partir de los 10 años de edad?, qué locura!. Me acuerdo yo de Cousteau a mis diez años, el sábado por la tarde, con aquellas imágenes irreales de un mundo del silencio al cual, según dicen los científicos, un día abandonamos para buscarnos la vida en tierra firme. Cómo ha evolucionado el buceo! ¿Os imagináis que hubiéramos nacido en la mar?, qué maravilla! Sin móviles, sin ordenadores, sin atascos, sin pólvora, sin fronteras, sin políticos …

El sábado fue un día formidable. La mar calma, junto con el sol suave de la primavera, me hacían presagiar lo que al final fue un día de buceo perfecto. En el barco apenas éramos 6 buzos con simplemente ganas de bucear, sin vaciles hormonales, ni fantasmadas injustificadas. El que más y el que menos llevaba todo el invierno deseando meterse un buceito como dios manda y el domingo una mierda pinchá en un palo, con un temporal de levante que nos obligó a suspender la salida. Espero que tengamos más suerte este fin de semana.

Buen buceo buzos,
Fran