Cuaderno de Bitácora del Mar Rojo 2004:

Hola buzos,
después de unas semanas interminables de papeleos, gestiones, mantenimientos de equipos y barcos me he podido sentar a contaros como fue el viaje al Mar Rojo.

Fuimos 10 buzos: 6 chicas y 4 machotes. En el equipaje, aparte de los 25 / 30 kilos de equipo de buceo, nos escondimos entre los senos del cráneo una serie de mocos que nos iban a intentar hacer desistir el buceo.
4 buceos al día no está mal. Primero uno, después otro, hasta quedar tocado de los oídos hasta el apuntador. Por momentos parecía que tenía palomitas de maíz. Gracias a ello he descubierto un nuevo sistema de compensación, a esta compensación la llamaremos compensación Napoleón, y os preguntaréis, que gilipollez está diciendo este, pues muy fácil (la gilipollez está garantizada) cuando aparece en el Mar Rojo un pez Napoleón, el buzo cierra la mano formando un puño y se lo acerca a la frente; una vez significa un Napo, dos veces dos Napos.

Los napoleones son peces hermosísimos, los adultos tienen una frente prominente siendo el rasgo más característico pareciendo que lleva un sombrero como el de Napoleón, (sabíais que en gran parte de Asia ya no existe este pez que en ocasiones puede llegar a medir 2 metros, su exterminio se debe a que sus labios son los más grandes del reino animal y por ese motivo se sirven como afrodisíaco en los restaurantes japoneses, una pena, verdad.No se podrían poner cachondos con otra cosa).

6:30 de la mañana

– ¡¡Briefing, briefing!!, se oye por los pasillos. Alguien golpea la puerta de los camarotes enérgicamente, suspiro, respiro y vuelvo a respirar, nunca me he levantado tan a gustito como cuando sé que me esperan unos buceitos maravillosos donde podré sacarle punta a la cámara.
Jalic (el dive master) nos da las ultimas instrucciones, la inmersión va a ser en un corte de pared que desciende vertiginosamente hasta los 1000 metros de profundidad, debemos quedarnos cerca de la pared pues las corrientes que a veces suceden pueden separarte mar adentro. Nos equipamos en la popa del barco entre ruido de compresores, risas y cachondeo, el barco debe aproximarse con cautela pues un golpe de mar podría hacerlo escorar en el arrecife. Al grito de:
– ¡¡Yala, yala!!, empezamos a saltar al agua, y en el mismo momento que tocamos el agua empezamos a descender.
El agua está a 28 grados, la visibilidad 50 metros, el grupo parece volar en ese agua cristalina, la suave corriente nos hace maniobrar con los alerones que llevamos como aletas, el sol de primera hora de la mañana nos regala una luz genial, la inmersión se realiza a una profundidad máxima de 30 metros dejando debajo nuestro un azul profundo que te hace sentir los susurros de la narcosis.
Yo me mantengo a 8 metros, pues mis mocos sinusíticos no me dejan descender más. De repente el grupo se agita, se mueven puños y ahí está la señal que estaba esperando: ¡Napoleón a 20 metros!
Debajo de donde me encuentro aparece en escena un Napoleón enorme, los mocos me sujetan a 8 metros, la impotencia que me embarga me hace descargar toda mi ira en mi cabeza sintiendo con el primer puñetazo un gran alivio al dejar los mocos liberados, pasándolos a otra celda de mi cráneo y pudiendo descender a una velocidad semejante al de un submarino nuclear, dándome el tiempo justo para preparar la cámara y empezar a grabar.
El Napoleón se me acerca de frente, (incluso así se le ve que es enorme), al llegar a unos 6 metros me da dos muletazos, uno de derecha y otra de izquierda, y entonces me mira, yo le digo con mi mente:
– Nennnn, no te vayas que no te voy a hacer nada, solo te quiero grabar- y el pez ni corto ni perezoso se pasa por las pelotas lo que le he dicho con la mente y se va.
La inmersión continua: gorgonias gigantes, tortugas, corales blandos, duros y muchísimas cosas más van dibujando la inmersión, lo de no haber convencido con mi mente al Napoleón me ha dejado con mal sabor de boca aunque si no recuerdo mal, los napoleones suelen tener un territorio muy delimitado y suelen hacer guardias constantemente de un lado al otro, osea que si voy mirando hacia tras igual tengo suerte…

10 minutos después

Y, efectivamente, la mente no me la leyó, pero lo apuntado y recordado en el cuaderno de bitácora me ha vuelto a servir. El Napoleón se acerca por detrás, suavizo la respiración, me tapo con la cámara los ojos, le hago la señal a Janine para que se aproxime sin espantarlo, (está vez parece algo más tranquilo), sus escamas asemejan a un loro, su tono verde periquito se ve suave por la mucosa que lo envuelve. De repente el Napoleón se para vertical encima de una gran roca de coral, nos mira, y extendiendo su gran boca le da semejante mordisco a la roca que queda grabado en mi cámara, seguidamente lo mastica, se separa de la roca y me lo escupe allí mismo, no se si me leyó la mente o no, pero la grabación ha quedado de muerte, ya os la enseñaré.

Al salir hacia la superficie los buzos empiezan a decirme que cuantos napoleones estaba viendo, pues al aporrearme la cabeza con el puño cerrado pensaban que venía una manada de estos bichos, teniendo que desvelar mi último descubrimiento como buceador, tenemos la compensación válsalba, toibi y la napoleón. (No os fiéis mucho de la compensación napoleónica pues creo que solo funciona en cráneos huecos como el mío).

Estamos en Tailandia hasta marzo y si el portátil se sigue portando como hasta hora os iremos poniendo al corriente con el cuaderno de bitácora desde Tailandia, no dudéis si pasáis por aquí en hacernos una visita, estáis invitados.

Un saludo buzos,
Fran